Por Ilka Oliva Corado.
Lo alertó hace unos meses Cristina
Fernández en la reunión del Mercosur cuando recordó que se cumplen 40
años del Plan Cóndor y advirtió: “Fue creado para derrocar gobiernos
democráticos. Tal vez ahora se esté pergeñando en algún lugar un nuevo
plan, que va a ser más sutil y sofisticado. En algunos casos pueden ser
buitres y no cóndores, pero siempre son aves de rapiña. Tenemos que
fortalecer más que nunca nuestras democracias”.
Perenne el águila imperial sobrevuela
territorio latinoamericano, acompañada de buitres y cóndores, se
saborean y no encuentran las horas para arremeter y degustar el
banquete. Hay que espabilar o nos devorarán como hace 40 años. Estados
Unidos viene con la furia de la ola de un mar en tempestad. Quiere
arrasar con todo, como un huracán.
Hace unas semanas el gobierno de Estados
Unidos a través de la DEA lanzó una bomba mediática contra Venezuela, lo
anunciaron como noticia de última hora, hablaban de un cargamento de
droga interceptado en Haití que se dirigía a Estados Unidos, al mando un
sobrino y un ahijado de Nicolás Maduro. En segundos los noticieros a
expensas del imperio lo propagaron por el mundo. Y al día siguiente fue
noticia de primera plana en periódicos impresos a nivel mundial. Por
supuesto que fue una nota falsa, un plan estratégico para poner a Maduro
en los ojos del mundo como una familia y gobierno que trabaja con el
narcotráfico. El gobierno venezolano demostró la falsedad de la
acusación pero ninguno de los medios que lanzaron la nota se dignó a
pedir una disculpa por tal difamación. Mucho menos el gobierno de
Estados Unidos y la DEA.














